viernes, 26 de agosto de 2016

A mi estimado Dr Gaona

Apreciado Dr Gaona,

Antes que nada le quiero decir que le admiro y le escucho con verdadera avidez cuando interviene en el gran programa Cuarto Milenio, y, dicho sea de paso, debo admitir que también admiro a su director, Iker Jiménez.
También me siento agradecida como televidente, a todos los que tenéis la valentía de colaborar en el programa.

Escucho los podcasts de Cuarto Milenio cuando no he podido verlos por TV. Y en uno de ellos, sobre el tema "matar por matar", usted dio explicaciones acerca de la sicología de estos sicópatas. Me pareció, como siempre, fascinante. Me gustan los temas de psicología y psiquiatría. Todo lo que concierne al ser humano.
Iker, entonces, le preguntó sobre la situación de los jóvenes hoy.
Y usted le contestó sabiamente que el problema de algunos jóvenes de hoy es que no tienen claro lo que está bien y lo que está mal, que las líneas que separa ambos conceptos no lo tienen claro.
Entonces puso un ejemplo. Y es aquí donde yo me atrevería a discrepar, si usted amablemente me lo permite.
Vaya por delante que de ningún modo le escribo para hacerme la interesante, sino porque mi conciencia me insta a escribirle. Trabajo en la enseñanza y estoy muy involucrada en la educación, que es la base del progreso de cada persona y de la sociedad.
El ejemplo en cuestión era que un adolescente preguntó si estaba bien robar en un gran supermercado porque total tienen mucho dinero y les sobra.
Entiendo que usted aplique aquí el dicho de "la duda ofende". Pero fíjese que era una pregunta y no una afirmación, lo que sí sería preocupante. Y yo, como docente, me parece genial que el joven haga preguntas, se las haga a sí mismo y a los demás. Demuestra inquietud. Y en este caso inquietud ética. Y crecerá en sabiduría y riqueza.

Atentamente

Laura

miércoles, 24 de agosto de 2016

Nacidos para conectar

пребиет 
 Меня собут Лаура  Я вижу в мелия. я учитель английского языка. Меня нравится путешествовать. До свидания. Лаура

miércoles, 10 de julio de 2013

Sección infantil

Cuento de León Tolstoi



Un cuento por la paz




Canción para el campo

Al escondrijo a hacer pipí,
al escondrijo a hacer pipí
¡Ay, que no llego!
¡voy corriendo!
¡Ay, que no llego!
¡Me he hecho pipí!

      oOo


ESPANGLISH  LYMERICS




Me encontré con una spider
y al momento tuve fear
me ayudó enseguida un rider
que pronto me trajo a here.


Yo estaba comiendo una apple
cuando pronto vino un thief
me metí en una chapel
y sentí un gran relief.

No voy a hacerme famous
con este bilinguism.
No quiero ser outrageous
pero haz buen criticism.


GLUTEN



Este domingo te invito a mi casa
que eres mi amiga y quiero jugar
con juegos, muñecas, con muchas amigas,
contigo, con otras y con las demás.
Mi madre ya sabe que tomar no puedes
comidas con gluten ni para picar,
ella ha preparado comida adecuada,
anda, vente Zayra, sin miedo, a cenar.

¿Tú qué te pensabas? ¿Que no iba a invitarte?
Pues mira, mi madre esto te dirá
No dejes que el gluten sea cortapisa
ni sea una barrera para la amistad”.

25 febrero 2011


Malas niñas buenas
(un cuento para pensar)

Érase una vez un labrador llamado Basilio, que tenía un pequeño huerto en el que plantaba tomates, pimientos, patatas y muchas verduras más. 

Era feliz porque tenía lo necesario para vivir: casa, ropa y comida.
Pero un día un vecino de su barrio, Juan Matalahúga, que era muy ambicioso, entró por la noche y se apoderó de todos los frutos de su huerto y lo dejó sin sus plantas.
Entonces Basilio rompió a llorar desconsoladamente.

"No tengo nada que comer", pensó "me llevará semanas y meses volver a cultivarlo", se lamentaba.


Entonces acudieron pronto María, Marta y Elena. Estas niñas tenían fama de niñas buenas, porque, efectivamente, se apiadaban de todo mundo y ayudaban a la gente necesitada. Así que en esta ocasión se apiadaron también del pobre Basilio y cada día le llevaban comida.


Pasaron algunas semanas y el huerto empezaba a tener sus primeros frutos.

"No os vayáis aún, niñas", dijo un día.

"Toma, Marta, estos tomates. Elena, coge cacahuetes para ti, que te gustan tanto. María, llévate estas manzanas, que han vuelto a salir de mi precioso Manzano. La semana que viene venid a por limones, que mi limonero ya está empezando a revivir".


Basilio agradecía así la ayuda de las niñas.

Pero un día, cuando menos se lo esperaba, el ladrón vino otra vez y, con la complicidad de cuatro amigotes, empezaron a llevarse todos y cada uno de los alimentos del huerto.

La situación era insostenible. Basilio volvió a llorar desesperadamente. Tanto que le dio un ataque de nervios.

Marta, Maria y Elena acudieron enseguida al oír sus lamentos. Estaba tan débil que lo llevaron al hospital más cercano.

El ladrón era Juan el Matalahúga, vecino del pueblo, con uno de los huertos más grandes y tan simpático que nadie sospechaba de él.