Apreciado Dr Gaona,
Antes que nada le quiero decir que le admiro y le escucho con verdadera avidez cuando interviene en el gran programa Cuarto Milenio, y, dicho sea de paso, debo admitir que también admiro a su director, Iker Jiménez.
También me siento agradecida como televidente, a todos los que tenéis la valentía de colaborar en el programa.
Escucho los podcasts de Cuarto Milenio cuando no he podido verlos por TV. Y en uno de ellos, sobre el tema "matar por matar", usted dio explicaciones acerca de la sicología de estos sicópatas. Me pareció, como siempre, fascinante. Me gustan los temas de psicología y psiquiatría. Todo lo que concierne al ser humano.
Iker, entonces, le preguntó sobre la situación de los jóvenes hoy.
Y usted le contestó sabiamente que el problema de algunos jóvenes de hoy es que no tienen claro lo que está bien y lo que está mal, que las líneas que separa ambos conceptos no lo tienen claro.
Entonces puso un ejemplo. Y es aquí donde yo me atrevería a discrepar, si usted amablemente me lo permite.
Vaya por delante que de ningún modo le escribo para hacerme la interesante, sino porque mi conciencia me insta a escribirle. Trabajo en la enseñanza y estoy muy involucrada en la educación, que es la base del progreso de cada persona y de la sociedad.
El ejemplo en cuestión era que un adolescente preguntó si estaba bien robar en un gran supermercado porque total tienen mucho dinero y les sobra.
Entiendo que usted aplique aquí el dicho de "la duda ofende". Pero fíjese que era una pregunta y no una afirmación, lo que sí sería preocupante. Y yo, como docente, me parece genial que el joven haga preguntas, se las haga a sí mismo y a los demás. Demuestra inquietud. Y en este caso inquietud ética. Y crecerá en sabiduría y riqueza.
Atentamente
Laura
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Por favor, no poner faltas de ortografía que me podría desaprender lo aprendido.